Brandon Guadamuz
Hoy tuve una interesante reunión con Brandon Guadamuz, regidor del Frente Amplio por San José, en el Concejo Municipal. De alguna forma, era una reunión sin agenda: yo quería conocerlo porque había visto varios videos…

Hoy tuve una interesante reunión con Brandon Guadamuz, regidor del Frente Amplio por San José, en el Concejo Municipal. De alguna forma, era una reunión sin agenda: yo quería conocerlo porque había visto varios videos suyos en los que informa sobre su trabajo en la Municipalidad y, aunque no estaba seguro de que fuera simpático, tenía curiosidad por conversar con él. Por su parte, él simplemente aceptó recibirme. No llevábamos un cuestionario, una entrevista acordada ni una lista de asuntos por resolver. Llevábamos, al menos de mi lado, las ganas de conocer a la persona que hay detrás del funcionario.
Dichosamente, pude darme cuenta de que sí es simpático. Hasta dulce me atrevería a decir. También guapo y mucho más alto que yo, aunque eso último quedó especialmente claro cuando nos tomamos una foto. Tiene un tono suave para hablar y no me dio la impresión de estar midiendo cada palabra para quedar bien o evitar decir algo inconveniente. Simplemente hablaba, escuchaba y respondía. Esa naturalidad hizo que la conversación fuera tomando su propio rumbo y que pudiéramos hablar un poco del país, de política, del Frente Amplio y sus principios, así como de historia y de algunos aspectos de su vida familiar y personal.
Con humildad le pedí que me explicara sobre comunismo, socialismo, izquierda y eso de los “zurdos”, palabras que escuchamos a cada rato, muchas veces utilizadas como insultos y no como conceptos que alguien se tome la molestia de explicar. Con paciencia conversamos sobre esos temas, y hasta me atrevería a decir que una parte considerable de la población costarricense defiende valores y políticas sociales que podría reconocer como cercanos al socialismo, aunque jamás se pondría esa etiqueta. Pensé en cuánto apreciamos la educación pública, la salud, la solidaridad y la responsabilidad del Estado frente a quienes necesitan apoyo. Nuestro Estado social no nació de una sola corriente política, pero sí de acuerdos y luchas que pusieron el bienestar de las personas en el centro.
A mí, las etiquetas de izquierda o derecha me preocupan menos que lo que se hace en nombre de ellas, principalmente porque considero que estamos siendo gobernados por una derecha extrema de la que, con mucho gusto, me alejo. También hablamos de comunismo y de los regímenes de partido único, que no son lo que yo quiero para Costa Rica. No salí convertido en experto ni pretendo reducir ideologías enteras a una conversación de una tarde, pero sí con una distinción más clara: defender políticas sociales no significa querer eliminar la democracia, la pluralidad o el derecho a pensar diferente. Y eso era parte de lo que yo necesitaba entender.
Entonces, veamos: si comprendí bien, Brandon se reconoce de izquierda, socialista y demócrata. Y, claro, chancletudo, dicho con cariño y con ese sentido tan nuestro que tiene la palabra. Lo que percibí detrás de esas posiciones fue una conciencia social importante y una preocupación por la vida de los demás. Al final, casi me atrevería a decir que me pareció una buena mezcla ideológica, sobre todo si esas ideas se traducen en trabajo, respeto y responsabilidad. Porque las etiquetas pueden servir para ubicarnos, pero lo que termina hablando de una persona es lo que hace con ellas.
Conversamos también sobre los principios del partido, y debo reconocer que me sorprendió lo que me contó, aunque quizá no debí mostrarme tan sorprendido, porque algo de eso ya lo hemos visto. El Frente Amplio tiene más de veinte años de existencia y, en mi percepción, ha construido una imagen de integridad que muchas personas reconocen. No me corresponde certificar que ningún integrante haya tenido jamás una causa, un señalamiento o una sospecha, pero sí puedo decir que esa reputación de honestidad influye en la confianza que despierta. Brandon me habló, además, de los principios como compromisos que deben orientar la conducta de sus militantes y de la vigilancia interna para que lo que cada uno hace no se aparte de lo que el partido dice defender.
Ese comportamiento, en el que un funcionario se ajusta a principios incluso cuando podría resultarle más cómodo hacer otra cosa, también me parece haberlo visto en el PUSC. Pienso, por ejemplo, en Abril Gordienko, con quien muchas veces discrepo y frente a cuyas posiciones, si me correspondiera votar, probablemente votaría en sentido contrario. Sin embargo, la veo aferrada a los principios que defiende y respeto esa coherencia, aunque sus conclusiones no sean las mías. Me gustaría encontrar esa misma consistencia con más frecuencia en otros partidos. No necesito que todos piensen como yo, pero sí quisiera poder reconocer de dónde vienen sus decisiones y qué valores las sostienen.
Le pregunté también qué lo había llevado a entrar en política y, como cualquiera podría decir, me habló de ayudar a la gente y hacer lo correcto. Es una frase tan repetida que cuesta creerla después de tantos ejemplos de politiquería, oportunismo y beneficio personal. Pero era yo quien estaba conversando con él y, más que nadie, no podía negarle de entrada la posibilidad de estar diciendo la verdad. Llevo al frente de Apacigua desde octubre, trabajando más de quince horas diarias, sin salario, con muy pocas entradas, cuentas acumuladas y un cansancio físico y mental que a cada rato me pasa la factura. Lo hago porque creo que es lo correcto. Así que, si reconozco esa motivación en mí, también tengo que aceptar que puede existir en otros.
Además, cuando Brandon hablaba de sus motivos, a veces parecía buscar dentro de sí antes de responder. Ponía los ojos en eso que yo llamaría “modo de diálogo interno”, como si estuviera revisando sus propias razones y no sacando una frase de un discurso aprendido. Por supuesto, una conversación no permite conocer por completo a nadie, pero sí deja impresiones. Y la mía fue que podía creerle. Me gustó escucharlo hablar de su trabajo desde ese lugar, sin grandilocuencia y sin necesidad de presentarse como el salvador de nadie.
También me dijo algo que me gustó mucho: que cuando entró a la Municipalidad lo hizo con la convicción de no “meterle palos a la carreta”. Me resultó una expresión divertida, que yo no había escuchado, y entendí que se refería a no convertirse en un obstáculo por el simple hecho de estar en una posición política distinta. Eso me parece valioso, porque fiscalizar y obstruir no son lo mismo. Se puede exigir cuentas, señalar errores y oponerse a una decisión sin convertir cada posibilidad de avance en una pelea. Supongo que mantener ese equilibrio debe ser difícil con esta administración municipal, pero no voy a extenderme sobre ella, porque es bastante notorio que no comulgo mucho con su manera de hacer las cosas.
Hablamos un poco del Parque Bolívar, de sus proyectos en proceso para San José y de los logros que ha tenido hasta el momento. Me dijo que cree que, cuanto mejor haga su trabajo, mayores oportunidades podría tener el Frente Amplio en las próximas elecciones municipales. Yo pienso que también hay una conexión que el partido ha logrado con personas que quizá no se identifican con toda su propuesta ideológica, pero sí confían en su capacidad de fiscalizar. He escuchado a gente expresar que quiere ver al Frente Amplio en la Asamblea Legislativa precisamente para que el gobierno tenga una oposición firme y vigilante.
En ese sentido, se me ocurrió una idea: ¿qué tal si, así como confiamos en ellos para defender la institucionalidad desde la Asamblea, consideramos darles un voto de confianza en las municipalidades? Tal vez haya personas que todavía no estén preparadas para votar por una candidatura presidencial del Frente Amplio, pero sí podrían valorar su trabajo y sus propuestas en el ámbito local. No lo sé. Es una idea que se me ocurrió y a la que tengo que darle vueltas, entre otras cosas porque quiero cuidar la neutralidad que he asumido. También creo que cualquier confianza debe pasar por conocer a las personas candidatas, revisar su trayectoria y entender qué proponen para cada comunidad.
Aunque tengo que confesar algo: si para las elecciones municipales o para las nacionales de 2030 considero necesario salir de mi neutralidad autoasumida para defender la Costa Rica que queremos, lo voy a hacer. Le guste a quien le guste. Esa neutralidad tiene sentido para mí mientras me permita construir puentes y trabajar por el país; también tengo que preguntarme qué haría si llegara a sentir que guardar distancia me impide defender aquello que considero esencial. No estoy anunciando una adhesión partidaria, pero sí siendo honesto sobre una decisión que, llegado el momento, tendría que tomar con responsabilidad.
Aunque no lo llevaba en agenda, se me ocurrió presentarle un proyecto que tengo para Pavas y me pareció que le gustó. Ya veremos cuándo tendré tiempo y condiciones para echarlo a andar, porque no será en los próximos meses. Incluso, no sé si podré hacerlo con este alcalde o si me tocará trabajar con el próximo, del partido que sea, o casi del partido que sea. Y vuelvo a pensar, aun con el temor de que algunos interpreten equivocadamente mis palabras, que cada comunidad debería tomarse muy en serio la tarea de resguardar su municipalidad y procurar que lleguen al gobierno local personas capaces, honestas y comprometidas con quienes viven allí.
Aprovecho también para volver un momento sobre las coaliciones, aunque ya escribí un artículo al respecto. Una coalición puede parecerse a esa bolsa de jocotes que compramos en la calle: los de arriba se ven hermosos y suculentos, pero no tenemos garantía de cómo están los de abajo. Por eso, si hay una coalición que te gusta, revisá con cuidado cada uno de los partidos que la componen, quiénes ocuparán los puestos, qué acuerdos los unen y de dónde viene su financiamiento. El entusiasmo que despierta una figura conocida no debería ahorrarnos la revisión de todo lo que viene dentro de la bolsa.
Después hablamos un poco más de él, de lo suave y amistoso que es al conversar, de lo simpático y agradable que se ve cuando sonríe, de sus valores, de su novia y de cómo fue haber sido hijo único durante buena parte de su vida. También me aseguró que cocina muy bien, afirmación que, por ahora, tendré que dejar pendiente de comprobación. Me gustó ese espacio de la conversación porque permitió conocer algo más que al regidor. A veces vemos tanto a una persona en su función pública que olvidamos que también tiene una familia, afectos, recuerdos y una vida que continúa cuando termina una sesión del Concejo.
Yo volví a tocar el tema del socialismo y, en algún momento, nos atrevimos, quizá un poco insolentemente, a compararlo con la espiritualidad. Encontramos un punto de encuentro en esa disposición de hacer las cosas pensando en el otro, aunque eso no convierta ambas cosas en lo mismo. Justo cuando creí haber entendido, le pregunté si Jesucristo era socialista y me dijo que no. Así que mi intento de resolver siglos de pensamiento político con una sola pregunta no salió como esperaba. No me quedó todo completamente claro, pero sí entendí mejor lo que él quería expresar sobre valores, principios y preocupación por los demás.
Fuimos cerrando nuestra conversación mientras le recordaba que en otro momento retomaríamos el tema de Pavas y le ofrecía ayuda en lo que pudiera hacer desde la ciudadanía y mis plataformas. Él insistió en que el regidor de San José era él y que, por lo tanto, era él quien debía hacer algo por mí. Le agradezco esa disposición, pero yo estoy en Apacigua y llegué también para ayudar. Me gustó que ambos termináramos hablando de lo que podíamos aportar, cada uno desde su lugar, y espero que en algún momento esa buena voluntad encuentre una forma concreta de convertirse en trabajo.
Le reclamé, en un par de oportunidades, lo difícil que me ha resultado reunirme con algunos de los muchachos y muchachas del Frente Amplio. Le conté los intentos que he hecho, mencioné nombres y le dije que, hasta ahora, solo lo había logrado con él y con Ariel. Ojalá lean este artículo y me den la oportunidad de conocerlos. No siempre busco una entrevista ni llego con una petición debajo del brazo. A veces quiero conversar, comprender mejor sus posiciones y descubrir qué podemos hacer por el país desde los espacios en los que cada uno trabaja.
Fue un bonito encuentro. Quizá no sea fácil repetir una conversación como esta, en la que pudimos decir tantas cosas con tanta claridad, pero sí espero que logremos trabajar juntos en algo en algún momento. Le compartí el enlace de una aplicación web que estoy desarrollando para las municipalidades y nos despedimos con el tema de Pavas pendiente. Me fui con una buena impresión de Brandon y con varias ideas dando vueltas en la cabeza, que es una de las mejores cosas que puede dejar una conversación: conocer a alguien y, al mismo tiempo, salir pensando un poco más.
Antes de irme le pedí una foto y quedé como un enano al lado de ese muchachote. Después me quedé chismeando con dos señoras súper agradables de su oficina, que terminaron de darle un cierre bonito a la tarde. Entre la conversación, las ideas, la foto y el rato de chisme, me fui contento de haber aceptado mi propia curiosidad y buscado este encuentro. Todo eso mientras estrenaba mi nuevo saco celeste, que nadie notó. O, por lo menos, nadie me dijo nada. Ja, ja.