Los valores también se ven cuando habla el otro
En las imágenes de lo ocurrido hoy en Puntarenas hay algo que inicialmente me llamó la atención casi como un detalle. Mientras el diputado Ariel Mora chiflaba durante la intervención de la diputada Norjelens Lobo, muy…

En las imágenes de lo ocurrido hoy en Puntarenas hay algo que inicialmente me llamó la atención casi como un detalle. Mientras el diputado Ariel Mora chiflaba durante la intervención de la diputada Norjelens Lobo, muy cerca de él estaba la diputada oficialista María Isabel Camareno Camareno. Al verla, tuve la impresión de que aquella escena no le resultaba precisamente incómoda. Pero una impresión es solamente eso, una impresión, y sería irresponsable de mi parte asegurar qué estaba sintiendo ella en ese momento. Lo que sí podemos analizar son las acciones que quedaron registradas y fueron reportadas por distintos medios: Camareno y la diputada Ana Ruth Esquivel hicieron gestos hacia personas del público mientras se producían gritos, chiflidos e interrupciones contra legisladores de oposición. Eso ya no pertenece al terreno de lo que yo creo haber visto en un rostro. Eso pertenece al terreno de la conducta pública.
Y ahí es donde a mí me interesa hablar de valores. No de los valores personales de María Isabel Camareno, porque no la conozco y no tengo derecho a determinar desde una fotografía o un video qué clase de persona es. Hablo de los valores que deberíamos esperar de alguien que ocupa una curul en la Asamblea Legislativa de Costa Rica. Respeto. Tolerancia. Capacidad para escuchar al que piensa diferente. Defensa del derecho del adversario a expresarse. Decencia en el debate. Reconocimiento de que una democracia no consiste únicamente en poder hablar cuando me toca a mí, sino también en guardar silencio y permitir que hable aquel con quien estoy profundamente en desacuerdo.
Porque justamente ahí se prueba la tolerancia. Respetar a quien piensa como yo no requiere demasiado esfuerzo. Aplaudir al que pertenece a mi grupo tampoco. Defender el derecho de palabra de quien dice exactamente lo contrario de lo que yo pienso es otra historia. Ahí aparecen los principios democráticos de verdad. Por eso me preocupa que desde una curul pueda alentarse —o siquiera celebrarse— un ambiente en el que otra diputada intenta hablar mientras parte del público la interrumpe. No importa si quien habla es del PLN, del Frente Amplio, del PUSC, del oficialismo o de cualquier otro partido. Mañana las posiciones podrían invertirse, y entonces quienes hoy consideran divertido un chiflido podrían exigir respeto cuando sea uno de los suyos quien esté frente al micrófono.
María Isabel Camareno fue electa diputada por Puntarenas para el período 2026-2030 por el Partido Pueblo Soberano. Precisamente por eso sus actos tienen un significado distinto al de cualquier persona sentada entre el público. Una diputada no es solamente una simpatizante política. Es integrante de uno de los poderes de la República. Y cuando ocupa ese lugar, cada gesto suyo comunica algo acerca de cómo entiende la convivencia democrática. No necesito saber qué siente en su corazón ni cuáles valores dice profesar en su vida privada. Lo único que puedo observar es qué valores transmiten determinadas actuaciones públicas.
Hoy yo habría querido ver otra cosa. Habría querido ver a María Isabel Camareno diciéndole a su compañero Ariel Mora: “Dejela hablar”. Habría querido verla pidiendo tranquilidad al público aunque Norjelens Lobo estuviera pronunciando un discurso con el que ella no compartiera una sola palabra. No porque tuviera que apoyar a Lobo, sino porque defender el derecho del contrario a hablar es posiblemente una de las demostraciones más sencillas y poderosas de convicción democrática.
Y quizá esta sea la pregunta que deberíamos hacernos después de lo sucedido en Puntarenas: ¿qué valores queremos ver representados en las personas que ocupan las curules de nuestra Asamblea Legislativa?
Yo tengo los míos bastante claros.
Respeto aunque no esté de acuerdo. Escuchar aunque me incomode. Defender el derecho de palabra incluso de aquel que piensa exactamente lo contrario que yo. Entender que el adversario político no es un enemigo al que hay que silenciar. Y recordar, sobre todo, que una curul no convierte a nadie en dueño de la Asamblea Legislativa.
Lo ocurrido hoy quedará en videos y cada costarricense podrá mirarlos y formarse su propio criterio. Yo ya me formé el mío. Y no necesito juzgar los valores personales de María Isabel Camareno para decir algo mucho más sencillo: los valores también se demuestran cuando el que tiene el micrófono es el otro.
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