Una fotografía
Una fotografía Algunas personas me han preguntado mi opinión con respecto a los recientes acontecimientos nacionales, en donde ha habido nuevas capturas, posibles extradiciones, muchas dudas y conjeturas, y un número…

Una fotografía
Algunas personas me han preguntado mi opinión con respecto a los recientes acontecimientos nacionales, en donde ha habido nuevas capturas, posibles extradiciones, muchas dudas y conjeturas, y un número parecido de preguntas que todavía no tienen respuesta. Yo comparto muchas de esas dudas y, como ustedes, tampoco tengo las respuestas. Claro que de vez en cuando aparece alguna suposición perdida en mi cabeza; pero entiendo perfectamente que no deja de ser eso: una conclusión a la que uno llega cuando intenta unir piezas teniendo todavía muy poca información. También he leído comentarios de personas muy bien informadas, que presentan posibles escenarios con enorme habilidad y que incluso parecen conocer detalles que muchos desconocemos. Pero yo no he tenido acceso a esos datos. No es mi campo y tampoco es mi interés convertirme en investigador, fiscal o juez desde una red social.
Entre mis recomendaciones estaría, precisamente, esperar. Esperar a que se vayan aclarando los nublados del día, a que aparezcan los hechos, a que las investigaciones avancen y a que las autoridades correspondientes hagan los pronunciamientos que tengan que hacer. Y mientras tanto, tener mucho cuidado con las conclusiones. Por ejemplo, no asumir que porque alguien aparece en una fotografía con otra persona eso lo convierte automáticamente en su amigo, su socio, su cómplice o alguien igual a él. Una fotografía puede decir muchas cosas, pero también puede no decir absolutamente nada. Y esto resulta todavía más complicado en estos tiempos, cuando ya casi hemos aprendido a desconfiar de las fotografías porque pueden ser falsas, alteradas, creadas o manipuladas. Aunque, curiosamente, pareciera que aquellas que realmente tienen importancia casi siempre terminan siendo verdaderas.
Ahora bien, si una fotografía es real, tampoco creo que la mejor defensa sea necesariamente negar la fotografía, negar el encuentro o construir una explicación demasiado complicada. A veces bastaría con decir: sí, soy yo; sí, me tomé esa fotografía; sí, conozco a esa persona; sí, alguna vez hablamos; sí, tuvimos una relación comercial. Y después explicar, si corresponde, cuál fue exactamente esa relación. Porque conocer a alguien no significa conocer toda su vida. Haber hecho negocios legítimos con alguien no significa saber todo lo que esa persona hacía. Coincidir en una actividad, compartir una mesa o aparecer juntos en una fotografía tampoco convierte automáticamente a dos personas en responsables de las mismas cosas.
Si mañana alguien encuentra una fotografía mía con Mickey Mouse y me pregunta por qué salgo con Mickey Mouse, probablemente mi respuesta sería muy sencilla: porque me tomé una foto con Mickey Mouse. Y punto. El problema comienza cuando, frente a algo que podría explicarse sencillamente, empezamos a dar tantas vueltas que terminamos provocando todavía más preguntas. Cuando una explicación sencilla se transforma en una serie de negaciones, versiones cambiantes o justificaciones difíciles de sostener, entonces el problema comienza a dejar de ser la fotografía. El problema empieza a ser la credibilidad.
Por eso creo que hay algo mucho más importante que una fotografía: nuestra propia vida. Ojalá todos pudiéramos vivir de tal manera que, cuando alguna fotografía nuestra despierte dudas, no tengamos que pedirle a la fotografía que nos defienda. Que sea nuestra trayectoria la que hable. Que podamos decir con tranquilidad: sí, estaba ahí; sí, lo conozco; sí, sucedió. Y que después sean los hechos los que expliquen el resto. Porque una fotografía puede despertar preguntas, puede provocar sospechas, puede alimentar conversaciones y hasta convertirse en tema nacional; pero no debería convertirse, por sí sola, en una sentencia.
Al final, todo esto se parece bastante a un circo. Hay luces, ruido, versiones, personajes que entran y salen, gente señalando desde las graderías y un público tratando de entender qué está ocurriendo realmente en medio de tanto movimiento. Solo espero que, cuando finalmente cierre la función, no nos quedemos con más espectáculo que verdad. Y que muchas de las dudas que hoy tenemos encuentren, por fin, una respuesta.