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El registro de un país que reflexiona

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Opinión

¿Y qué tal si miramos hacia las alcaldías?

Durante los meses previos a las pasadas elecciones escuché algo muchas veces. Personas que no eran frenteamplistas, personas que no estaban pensando en votar por el Frente Amplio para la Presidencia e incluso personas…

Por Vinicio Jarquín · 2 de octubre de 2026

Durante los meses previos a las pasadas elecciones escuché algo muchas veces. Personas que no eran frenteamplistas, personas que no estaban pensando en votar por el Frente Amplio para la Presidencia e incluso personas que probablemente jamás se imaginarían teniendo un presidente de ese partido, decían que estaban considerando votar por sus candidatos a diputados. La explicación que me daban era casi siempre parecida: si Pueblo Soberano llegaba al Poder Ejecutivo con una fuerza importante, querían que existiera en la Asamblea Legislativa una oposición suficientemente firme para hacerle contrapeso. Aquello me llamó la atención entonces, pero me llama todavía más la atención ahora, cuando ya conocemos el resultado de las elecciones y podemos observar lo que ocurrió.
Los números, por cierto, muestran algo interesante. En las elecciones del 1.º de febrero de 2026, el Frente Amplio obtuvo 96.384 votos para la Presidencia de la República, mientras que para diputaciones recibió 313.868 votos. Finalmente consiguió siete de las 57 curules de la Asamblea Legislativa. Pueblo Soberano, por su parte, obtuvo 31 diputaciones y ganó también la Presidencia en primera ronda. Son cifras oficiales del Tribunal Supremo de Elecciones y, aunque las cifras por sí solas no nos permiten saber qué pensaba cada persona cuando marcó sus papeletas, sí evidencian algo indiscutible: hubo una cantidad considerable de costarricenses que no escogió al Frente Amplio para gobernar el país, pero sí decidió darle representación legislativa.
Y eso me provoca una reflexión que quizá hace algunos años no habría tenido. Tal vez una parte de Costa Rica todavía no está preparada para imaginar un presidente del Frente Amplio. Tal vez algún día lo esté o tal vez nunca ocurra; eso dependerá de los ciudadanos, de los candidatos que aparezcan y, sobre todo, de lo que ese partido haga con la responsabilidad que hoy tiene. Pero las elecciones de 2026 dejaron sobre la mesa una posibilidad mucho más interesante: que un ciudadano pueda diferenciar perfectamente entre entregarle a un partido el Poder Ejecutivo y confiarle otra función dentro del sistema democrático. Una papeleta no necesariamente tiene que arrastrar a la otra.
Eso también obliga al Frente Amplio a demostrar qué hace con esos siete espacios que recibió. No basta con hablar fuerte, oponerse o convertirse en antagonista del gobierno. Tendrá que demostrar durante estos cuatro años que puede fiscalizar, negociar cuando corresponda, poner límites cuando los considere necesarios y también construir acuerdos cuando sean buenos para el país. Cada intervención, cada voto y cada posición que adopten sus diputados terminará siendo parte del expediente con el que los ciudadanos los juzguemos en las siguientes elecciones.
Y fue precisamente pensando en esto que hoy mi cabeza se fue un poco más lejos. Porque la política nacional no termina en Zapote ni en Cuesta de Moras. Muchísimas de las decisiones que afectan nuestra vida cotidiana se toman bastante más cerca de nosotros: en las municipalidades. Ahí se decide sobre nuestras calles, nuestros parques, permisos, patentes, planificación urbana, recolección de residuos, infraestructura comunal, seguridad municipal y buena parte de la relación cotidiana entre un ciudadano y el Estado.
Además, tengo que reconocer algo personal: no quisiera la reelección del alcalde actual de mi cantón. Esa es mi posición y no pretendo convertirla automáticamente en la posición de los demás. Pero precisamente por eso apareció una pregunta que hoy me resulta interesante. Si durante una elección nacional hubo costarricenses capaces de separar su voto presidencial de su voto legislativo, ¿por qué no podríamos comenzar a observar las elecciones municipales con esa misma independencia?
No estoy diciendo que haya que escoger a un partido determinado para todas las alcaldías. Sería absurdo. Una municipalidad no se gobierna desde una bandera sino desde personas concretas, equipos concretos, capacidades concretas y realidades cantonales completamente distintas. Habrá buenos y malos candidatos prácticamente en todas las agrupaciones. Lo que sí me parece que merece discutirse es si seguimos votando municipalmente por costumbre, por tradición, por estructuras locales que llevan décadas instaladas o simplemente porque nunca hemos considerado seriamente otras posibilidades.
Y entonces aparece inevitablemente el Frente Amplio dentro de mi pregunta. No como respuesta automática, sino como posibilidad que merece ser examinada con los mismos ojos con los que muchos costarricenses aparentemente examinaron su papeleta legislativa en 2026. ¿Quién sería su candidato en cada cantón? ¿Qué trayectoria tendría? ¿Cómo administraría? ¿Qué propone para seguridad, infraestructura, urbanismo, cultura, comunidades y transparencia? ¿Tiene capacidad de ejecutar además de fiscalizar? ¿Podría trasladar al gobierno municipal la firmeza que sus votantes esperan de su bancada legislativa? Esas preguntas me parecen mucho más útiles que decidir de antemano que una bandera política debe ser aceptada o descartada.
Quizá la verdadera enseñanza de las elecciones pasadas no tenga que ver únicamente con el Frente Amplio. Tal vez sea algo bastante más profundo: estamos aprendiendo a separar las papeletas, las funciones y las responsabilidades. Podemos querer una cosa para la Presidencia, otra para la Asamblea Legislativa y otra completamente diferente para nuestra municipalidad. Eso, lejos de ser una contradicción, puede ser una señal de madurez democrática.
Así que dejo la pregunta abierta, porque todavía falta mucho para las próximas elecciones municipales y porque la respuesta debería depender de quiénes sean finalmente los candidatos y de lo que cada uno pueda demostrar.
Si una parte del electorado consideró conveniente darle representación legislativa al Frente Amplio sin querer entregarle la Presidencia de la República, ¿podría ocurrir algo semejante en nuestros cantones?
¿Podría un ciudadano que jamás votaría por un presidente del Frente Amplio considerar, después de examinar nombres, propuestas y antecedentes, votar por uno de sus candidatos a alcalde?
No sé cuál será la respuesta. Pero después de lo ocurrido en febrero, me parece que la pregunta ya no resulta tan extraña.